¿Qué nos deja el 2025? ¿Qué esperar del 2026?



2025 fue un año en que el mercado energético global consolidó su transición hacia la "Era de la Electricidad", con un crecimiento de la demanda impulsado por la digitalización, la IA y los centros de datos. 

Mientras las energías renovables y la nuclear lideraron el aumento del suministro (cubriendo cerca del 38% del incremento total), los combustibles fósiles mostraron una resiliencia notable: el carbón creció en Asia debido a olas de calor y el gas natural aumentó su relevancia mediante inversiones récord en GNL. 

No obstante, el petróleo comenzó a experimentar una desaceleración marcada en su demanda (apenas 1 mb/d), debido a la expansión de los vehículos eléctricos y el fin del rebote post-pandemia.

Para 2026, las proyecciones apuntan a un escenario de superávit en los hidrocarburos, lo que podría desplomar los precios del crudo Brent hacia los 55-60 USD por barril. 

Se anticipa que la oferta de petróleo superará con creces a la demanda gracias a la producción fuera de la OPEP+, mientras que una nueva oleada de capacidad de GNL estabilizará los precios del gas a nivel global. 

En este contexto, las renovables podrían finalmente superar al carbón como principal fuente de generación eléctrica en diversos mercados, marcando un año de excedentes energéticos que favorecería la adopción de tecnologías limpias, a pesar de las persistentes incertidumbres geopolíticas.

El gran desafío sigue siendo la capacidad de almacenamiento a gran escala y eso retrasa bastante una implementación exhaustiva. Luego estarán los choques geopolíticos en teatros como Ucrania, Irán, Taiwán y el Caribe. Si bien no se esperan grandes interrupciones de suministros, lo que ocurra este año en estos escenarios marcará el futuro de los suministros de hidrocarburos, especialmente, el gas natural que es lo que más importará de cara a la transición energética mientras las baterías logran su estado óptimo para poder atender a escala industrial. 

En el fondo, los ruidos inflacionarios y potenciales estallidos bursátiles que, aunque poco probables, pueden marcar el comportamiento de la demanda y más allá de esto, el impulso de la IA desestabilizando hasta cierto punto la seguridad de suministro. 

Con todo esto, la Agenda 2030 en lo energético se ralentiza y tiene que ver con pragmatismo económico. Es factible que luego de algunos baches, parte de esta agenda seguirá adelante ya no por compromiso ideológico, sino porque la tecnología de renovables y almacenamiento darán un giro paradigmático en unos años abriendo una nueva era energética. Mientras tanto, los hidrocarburos tienen un par de décadas a lo sumo en términos de importancia para la seguridad energética. 

Comments

Popular posts from this blog

Lo que nos dice la encuesta Kemp sobre el mercado petrolero en 2025

La evolución petrolera suramericana en la era Trump

Brasil y la OPEP+