Lo que nos va dejando la IV Guerra del Golfo en lo petrolero
Tiempo sin escribir. Demasiadas
ocupaciones, pero no le hemos quitado el ojo a lo que está ocurriendo en el
Golfo como es natural.
Antes de entrar en los
impactos, lo que más nos ha impresionado es cómo la premura táctica americano/israelí
terminó arruinando el mito geopolítico manhiano americano o anglosajón de eso
que una marina poderosa mantiene los estrechos despejados y los canales de
suministros optimizados. China toma nota con sus respectivos estrechos también.
No hay duda de que Estados Unidos puede despejar Ormuz, pero en estos tiempos
esas operaciones son demasiado sísmicas y Trump se desentendió de la
advertencia de su alto mando militar y político. Ahora acarrea con desparpajo las
consecuencias de su imprudencia. Para todos, especialmente para los ven los
mercados energéticos, lo más impactante ha sido el temor a una crisis
energética.
Como bien lo vienen diciendo
diversos analistas del mundo petrolero, la crisis energética de 2026 presenta
una dinámica distinta a la de los años 70, en la medida que su impacto se
concentra principalmente en el este de Asia debido al cierre del Estrecho de
Ormuz. Mientras que las economías desarrolladas muestran una mayor resiliencia
por su menor dependencia del crudo y el auge de fuentes renovables, se estima que
la interrupción podría reducir el PIB de las naciones de Asia Oriental hasta en
tres puntos porcentuales. En contraste, Estados Unidos se mantiene fuerte como
exportador neto de energía, impulsado por inversiones en inteligencia
artificial y centros de datos. Es un éxito táctico. No estratégico. El éxito
estratégico sería cerrar el círculo sobre el Hemisferio Occidental pivotando en
torno al control de Venezuela hasta que la transición energética se consolide
en un par de décadas.
En todo caso, volviendo a la actualidad,
a pesar de una reducción del 10% en la oferta global, los precios no han
escalado a niveles históricos debido a un giro sin precedentes en el consumo
chino. Las petroleras estatales chinas han pausado sus compras al contado e
incluso han revendido cargamentos a Europa, priorizando el uso de sus reservas
comerciales. Esta contracción de la demanda en China, estimada en 1,5 millones
de barriles diarios en marzo, se ha visto acelerada por el aumento en los
precios de la gasolina y la creciente adopción de vehículos eléctricos en el
país.
Igualmente, el impacto en el
procesamiento de crudo en Asia es crítico, con una reducción ya registrada de
2,7 millones de barriles diarios. La pérdida de crudos medianos y amargos de Oriente
Medio obliga a las refinerías a usar grados más ligeros, lo que desploma el
rendimiento de diésel por barril del 60% al 40%. Esta escasez de combustible es
particularmente grave para Asia-Pacífico, ya que se estima que una reducción
del 5% en la disponibilidad de diésel puede recortar hasta en dos puntos
porcentuales el crecimiento del PIB en Asia Oriental este año.
Aun así, para Occidente, a
diferencia de crisis pasadas, la economía global actual es más eficiente y los
bancos centrales están más preparados para contener la inflación. Aunque bajo
un escenario extremo similar al de 1974 el crudo Brent podría alcanzar los 205
US$/b, diversos factores sugieren que el mercado buscará un equilibrio cercano
a los 120 US$/b. La mayor elasticidad de la demanda en los países de la OCDE y
Asia, junto con la falta de liquidez en dólares de las naciones de menores
ingresos, actúa como un freno natural al incremento desmedido de los precios.
No hay muchas dudas de que la
carga de esta “crisis” recaerá de manera desproporcionada sobre los países
asiáticos, que absorberán entre el 60% y el 70% de la caída del consumo mundial
de petróleo. Mientras que en Asia el desplome de la actividad económica forzará
una reducción drástica del consumo, las naciones desarrolladas en la Unión
Europea, Canadá y Japón verán aliviada la presión de suministro. La
disponibilidad de energías alternativas y la sustitución tecnológica son
elementos clave que diferencian este periodo de las crisis energéticas del siglo
XX. De allí que todavía no veamos precios superiores a los 200 dólares y es
posible que veamos un derrumbe súbito cuando se liberen los inventarios que,
por necesidad, se forjaron en las aguas y depósitos terrestres del Golfo
Pérsico. Cuando se libere Ormuz, todo eso correrá veloz generando una
sobreoferta que arrojará al precio por los suelos, pero primero, que hablen los
cañones de Trump y la Guardia Republicana.

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