EE. UU., la OPEP y Rusia: impacto sobre los precios durante el 2018
Observando el panorama que
describimos más abajo: los precios para el año 2018 se ubicarían entre los 50 y
70 dólares el barril, pero con más probabilidad entre los 55 y 65 dólares el
barril en promedio anual para luego subir a partir de noviembre del año
entrante al nivel de 70 dólares el barril. El repunte más allá de los 80
dólares lo podemos esperar a finales del 2019.
¿Por
qué?
Todos en la industria
petrolera quieren un precio ideal que no distorsione el equilibrio de mercados
y que garantice que la demande se mantenga fuerte.
Luego de la crisis financiera
de 2008, Arabia Saudita consideró que el preció adecuado era de 75 dólares por
barril y trató de focalizarse en esa meta entre 2009 y 2010.
Luego apareció el impacto de
la llamada Primavera Árabe y sus riesgos sobre el resto de los países árabes,
especialmente los del Golfo Pérsico.
En ese momento, los sauditas
revisaron su meta y la llevaron a 100 dólares por barril. El logro de dicha
meta y la permanencia por varios meses de esas cotas de cotización como piso,
estimuló la oferta no convencional de hidrocarburos.
En el primer semestre de 2014,
el impacto se reflejó en la oferta de EEUU superando su tasa de crecimiento al
promedio mundial[1].
A partir de ese momento el techo ya no era sostenible y comenzaron a caer los
precios sin conocerse todavía el piso deseado en el marco de una guerra de
precios liderada por los sauditas.
A principios de 2016, las
cotizaciones bajaron de la cota de los 30 dólares el barril provocando la
reacción de los sauditas. Su primera señal de rendimiento. Comenzaba así el
esfuerzo por recuperar las cotizaciones para llevarlas ligeramente por encima
de los 70 dólares el barril. La guerra no podía llegar tan lejos.
Por el lado del consumo, gran
parte del intento de reequilibrio se basó en un crecimiento de la demanda de
petróleo más fuerte de lo esperado en un contexto de desempeño económico
mundial más sólido. En gran parte la caída de los precios entre 2014 y 2015
tuvo sus efectos en el crecimiento de dicha demanda y eso impactó en el repunte
de 2017.
Aún con precios por encima de
los 60-65 dólares el barril, es factible que la demanda se mantenga si el
desempeño económico sigue sólido. Igualmente, durante los próximos 3-5 años el
impacto de la entrada de coches eléctricos no será tan elevado, aunque si
ligeramente creciente para luego despuntar y afectar al mercado de los
combustibles para automotores con mucha fuerza.
Los problemas para la demanda
se podrían presentar a partir de los 80 dólares por barril aún con desempeño
económico sólido.
Por el lado de la producción,
el enfoque principal está en la resistencia del shale americano a determinadas
cotizaciones. Mientras más suba la cotización más oferta americana petrolera
hay. El shale es el que está poniendo piso y techo en el precio del petróleo
por varias razones. La principal está en que el ciclo de inversión del shale
americano es relativamente corto pues el espacio entre la decisión de inversión
final y el primer barril de producción es apenas equivalente a una fracción de
los campos offshore convencionales o de aguas profundas. Dichos proyectos
tienen una baja intensidad de capital en la medida que la inversión requerida
para incorporar nuevos yacimientos de shale en la oferta es una fracción del
coste de pozos convencionales en tierra. Los productores de shale dependen en
gran medida de los mercados financieros estando muy apalancados por lo cual
están muy expuestos a los cambios en las condiciones del mercado crediticio y
esa en parte es una desventaja.
Aún así, estas características
permiten a los productores de shale ser más flexibles a los movimientos de precios,
pero desde hace un tiempo el sector financiero y logístico americano viene
haciendo ajustes que van reduciendo dicha flexibilidad.
El sector por su misma
flexibilidad apenas se está acomodando y se dan múltiples casos de destrucción
de capital, fusiones y adquisiciones que tienden en ocasiones a la
reconcentración o difuminación de empresas.
Al ser el del shale un grupo
de productores tan diversos resulta difícil que puedan actuar como actores
racionales más allá del libre mercado en el contexto americano.
Esto es lo que hace difícil
para los productores OPEP y no OPEP, ajenos a Norteamérica, la conducción de
una estrategia que sepa medir el impacto del precio sobre la producción shale.
El precio es la clave, pero el shale ha reaccionado de distintas formas con
distintos precios.
El precio que más suena como
piso para una creciente y floreciente industria del shale es 50 dólares el
barril, pero el óptimo está precisamente hacia donde se prefiere dirigir las
cotizaciones desde la OPEP y Rusia, es decir, la banda de 60-70 dólares el
barril llevando a crecer la producción anual entre 700.000 y 1 millón de
barriles diarios para el año 2018-2019.
El consenso, no obstante, es
que aún a esos precios se inicie la ralentización de este crecimiento a partir
de finales del año 2019 y comience el declive en algunos campos shale en el año
2020 fortaleciendo así la posición de productores de crudos convencionales en
el campo de la oferta de hidrocarburos.
Ese es precisamente el juego
de la OPEP. Permitir esta aceleración del crecimiento, dejarle jugar el rol de
swing producer pero sin afectar demasiado el precio de tal forma que las
finanzas de los principales exportadores OPEP e incluso las de la economía
global no se vean afectadas de un lado y otro. Está claro que necesita una
compensación entre el aumento de la cuota de mercado y el logro de mayores
ingresos.
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Aún sin más shale,
la oferta petrolera tendrá un crecimiento de más de 2 millones de barriles
diarios de los productores no OPEP, mucho más que el crecimiento de la demanda
proyectada
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No hay que olvidar que existen
otros productores no convencionales que también saben aprovechar la subida de
los precios, como las arenas de Canadá, Venezuela (si estuviera bien en
términos corporativos y de inversión), la producción agua profunda en México o
el subsal de Brasil que también podrían encontrar formas de reactivar su
producción más costosa.
No todo es el shale. La única
diferencia respecto al shale de esos otros tipos de producción es que el ciclo
de inversión es mucho más amplio en el tiempo y por eso el impacto es
previsible.
No todas estas capacidades de
producción son controladas por la OPEP, así que va más allá de sus fuerzas y
capacidades, pero sin duda con el tiempo, a pesar del avance del coche
eléctrico, tiene a su favor junto a Rusia, la masa crítica de las reservas y el
crudo menos costoso.
[1] Los EE. UU tienen un
mensaje para los productores de petróleo que están preparados para tomar una
decisión clave sobre la producción de crudo el jueves: el mayor consumidor de
petróleo del mundo ya no te necesita tanto. Las importaciones netas de petróleo
de EE. UU., Incluidos los productos crudos y refinados, cayeron la semana
pasada a solo 1,77 millones de barriles por día, el nivel más bajo en datos que
datan de 1990, informó el miércoles la Administración de Información de Energía
de EE. UU. Eso coloca al país en camino hacia sus importaciones mensuales más
bajas desde antes del embargo petrolero árabe de 1973. Las importaciones netas
semanales alcanzaron un máximo en noviembre de 2005 en más de 14 millones de
barriles por día.


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